Por Albert Sáez
Periodista, es director adjunto de El Periódico de Catalunya
La historia de los medios de comunicación está repleta de profecías incumplidas y de éxitos imprevistos. Hace apenas una década, Nicholas Negroponte esbozó el mundo digital sin decir ni una palabra de las tabletas electrónicas como iPad. No es fácil decir cómo nos informaremos. La primera cuestión a resolver es si querremos seguir informándonos. En la historia de la humanidad, los períodos sin necesidad de recibir y transmitir información libre y veraz son mayoritarios. No está escrito que en los próximos años esto pueda cambiar. De hecho, el mundo que dio pie al periodismo de masas vive una profunda crisis con una democracia representativa desprestigiada, una economía de mercado que ya no asegura ni el crecimiento ni el bienestar y con una cultura que ha perdido la escritura como su principal razón de ser. Pudiera pasar que el mundo posterior a la Modernidad no tuviera la información como uno de sus pilares.
En todo caso, si la información continúa siendo necesaria la manera de recibirla y de transmitirla va a cambiar sustancialmente, está cambiando sustancialmente. Los periodistas y, sobretodo, los medios informativos han perdido el monopolio de la difusión masiva de noticias. Perder el monopolio puede ser el primer paso hacia la desaparición pero también un estímulo para la refundación. El público ya no confía ni confiará únicamente en los periodistas para informarse, confía en quien le explique lo que le interesa en cada momento. Algunos, incluso, solo quieren saber aquello que les reafirma en sus propias convicciones. Twitter es la principal expresión de esta tendencia y el modo de consumir información en el futuro tendrá mucho que ver con el tipo de interacción que se produce en el timeline de esta red social. La información será el resultado de una conversación global en la que participarán los protagonistas de las noticias, los periodistas que las siguen, los expertos que las analizan y el público que las consume.
La segunda dinámica de futuro se organiza en torno a las llamadas tabletas electrónicas, la más popular de las cuales es iPad. Se trata de ordenadores ligeros o teléfonos sofisticados que permiten producir, emitir o consumir textos, contenidos audiovisuales, audio, vídeo, fotografías, bajándolos o colgándolos en la red de redes. Estos artilugios permiten la circulación ininterrumpida de información a la vez que permiten a cualquier ciudadano ser narrador de las noticias que protagoniza o a las que tiene acceso como testigo. Nuevamente, información menos controlada, para lo bueno y para lo malo. Por un lado, se puede producir un proceso de emancipación de la información respecto al poder político y económico. Por el otro, la propaganda se puede infiltrar en los nuevos formatos como lo ha hecho en los tradicionales.
En todo caso, la información tiene el reto de adaptarse a los nuevos hábitos del público.
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4 de diciembre de 2012
¿Cómo me informaré en 10 años? Twitter + iPad
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26 de noviembre de 2012
19 de noviembre de 2012
Alva Myrdal
Por Lina Gálvez Muñoz
Los análisis comparativos de los Estados de bienestar muestran grandes diferencias en relación a la igualdad de género y el grado de independencia del mercado que tienen las personas en los distintos países. Esto ha llevado a establecer clasificaciones de los Estados en relación a lo “amigable” que éstos sean para el bienestar y la libertad de las mujeres. Esa clasificación está encabezada en todos los estudios por los países escandinavos, y especialmente por Suecia.

La figura de Alva Myrdal (1902-1986) es clave para entender la singularidad del Estado de bienestar sueco y su liderazgo en los logros de igualdad de género. Alva Myrdal fue una científica social, política y diplomática sueca, que participó en la configuración del estado de bienestar desde el análisis teórico y la práctica política.
En su contribución teórica destacan entre sus numerosas obras: The Crisis in the Population Question (con Gunnar Myrdal, 1934); Nation and Family (1941); o Women’s Two Roles (con Viola Klein, 1956). Aunque tal vez sea su primera gran obra, La crisis de la cuestión demográfica, la que mejor explique su contribución al diseño del modelo sueco.
Esta obra está escrita en un contexto de baja fecundidad y su objetivo es poner de manifiesto la centralidad de la infancia en la consecución del bienestar común y, por tanto, en la acción política. En esta obra, Alva y Gunnar Myrdal compartían las demandas de los conservadores en torno a la centralidad política de la familia y la promoción de la natalidad, pero las reformularon en clave feminista: las mujeres debían tener un papel activo como ciudadanas –incluyendo el acceso al empleo–, y los hombres debían tenerlo como compañeros activos en la crianza de los niños. Mientras que la acción del Estado a través de los servicios sociales debía permitir que esos dos roles pudieran materializarse.
Alva y Gunnar Myrdal no centraron su análisis en las razones de las parejas para tener hijos, que consideraban constantes a lo largo de la historia, sino en las que les llevaban a no tenerlos. Estas razones eran de tres tipos. Primero, las vinculadas a la inseguridad de la sociedad industrial liberal e individualista que había dejado a amplias capas de la ciudadanía desarropadas. Segundo, las relativas a los cambios que se habían operado en la división del trabajo en las familias, no por el acceso de las mujeres al empleo, sino por el éxodo de los hombres de la casa a la fábrica. Y por último, pero de mayor importancia, se encontraban los motivos económicos. En la sociedad industrial los hijos no suponían ningún ingreso y en cambio generaban muchos costes, sobre todo para las familias más pobres. Por ello, la solución era repartir esos costes entre toda la sociedad a través de un estado redistribuidor, el Estado de bienestar, que además debía garantizar el acceso al empleo de toda la ciudadanía.
Tras escribir esta obra, Gunnar Myrdal fue requerido por varias universidades y organismos, mientras que Alva no recibió ninguna oferta. De hecho, ella siguió siendo madre de familia e intelectual freelance vinculada a distintas comisiones gubernamentales hasta la edad de 47 años, teniendo que aguantar ser increpada como mala madre por participar en actos públicos y académicos a horas en las que una madre debía estar cuidando de sus hijos pequeños. Insultos que por su supuesto nunca recibió su marido y padre de sus tres hijos.
Pero además de su contribución teórica, Alva fue una socialdemócrata que lideró varias comisiones gubernamentales como la del Trabajo de las mujeres (1935-1938) en la que se discutió el derecho al empleo de las mujeres casadas, argumento al que Alva Myrdal dio la vuelta, abogando por el derecho de las mujeres trabajadoras a poder formar una familia y tener hijos gracias a la corresponsabilidad del Estado en el cuidado de los niños con la puesta en marcha de los servicios sociales.
Con 47 años, en 1949, obtuvo el cargo más alto que hasta la fecha había ostentado una mujer en un organismo internacional al ser nombrada Directora del Departamento de Asuntos Sociales de Naciones Unidas. También fue directora del Departamento de Ciencias Sociales de la UNESCO. Posteriormente fue miembro del Parlamento y del gobierno sueco, así como delegada sueca en la Conferencia internacional sobre desarme en Ginebra entre 1962-1973. Esta experiencia le valió para escribir su última gran obra The Game of Disarment (1976), y obtener el Premio Nobel de la paz en 1982, igualando en honores a su marido, Gunnar Myrdal, que había obtenido el de economía en 1974.
Sin embargo, la biografía de Alva Myrdal también contiene sombras, como su apoyo a la política de esterilización llevada a cabo por el gobierno sueco en los años 30 del siglo xx. Aunque hay que decir que no participó en la redacción de las leyes, ni en su implementación. Además, su apoyo no estuvo condicionado por creer en la eugenesia que tan en boga estaba en aquella época, sino en su convencimiento de que el bienestar de los niños estaba por encima del derecho de los adultos de ser padres.
Los análisis comparativos de los Estados de bienestar muestran grandes diferencias en relación a la igualdad de género y el grado de independencia del mercado que tienen las personas en los distintos países. Esto ha llevado a establecer clasificaciones de los Estados en relación a lo “amigable” que éstos sean para el bienestar y la libertad de las mujeres. Esa clasificación está encabezada en todos los estudios por los países escandinavos, y especialmente por Suecia.

La figura de Alva Myrdal (1902-1986) es clave para entender la singularidad del Estado de bienestar sueco y su liderazgo en los logros de igualdad de género. Alva Myrdal fue una científica social, política y diplomática sueca, que participó en la configuración del estado de bienestar desde el análisis teórico y la práctica política.
En su contribución teórica destacan entre sus numerosas obras: The Crisis in the Population Question (con Gunnar Myrdal, 1934); Nation and Family (1941); o Women’s Two Roles (con Viola Klein, 1956). Aunque tal vez sea su primera gran obra, La crisis de la cuestión demográfica, la que mejor explique su contribución al diseño del modelo sueco.
Esta obra está escrita en un contexto de baja fecundidad y su objetivo es poner de manifiesto la centralidad de la infancia en la consecución del bienestar común y, por tanto, en la acción política. En esta obra, Alva y Gunnar Myrdal compartían las demandas de los conservadores en torno a la centralidad política de la familia y la promoción de la natalidad, pero las reformularon en clave feminista: las mujeres debían tener un papel activo como ciudadanas –incluyendo el acceso al empleo–, y los hombres debían tenerlo como compañeros activos en la crianza de los niños. Mientras que la acción del Estado a través de los servicios sociales debía permitir que esos dos roles pudieran materializarse.
Alva y Gunnar Myrdal no centraron su análisis en las razones de las parejas para tener hijos, que consideraban constantes a lo largo de la historia, sino en las que les llevaban a no tenerlos. Estas razones eran de tres tipos. Primero, las vinculadas a la inseguridad de la sociedad industrial liberal e individualista que había dejado a amplias capas de la ciudadanía desarropadas. Segundo, las relativas a los cambios que se habían operado en la división del trabajo en las familias, no por el acceso de las mujeres al empleo, sino por el éxodo de los hombres de la casa a la fábrica. Y por último, pero de mayor importancia, se encontraban los motivos económicos. En la sociedad industrial los hijos no suponían ningún ingreso y en cambio generaban muchos costes, sobre todo para las familias más pobres. Por ello, la solución era repartir esos costes entre toda la sociedad a través de un estado redistribuidor, el Estado de bienestar, que además debía garantizar el acceso al empleo de toda la ciudadanía.
Tras escribir esta obra, Gunnar Myrdal fue requerido por varias universidades y organismos, mientras que Alva no recibió ninguna oferta. De hecho, ella siguió siendo madre de familia e intelectual freelance vinculada a distintas comisiones gubernamentales hasta la edad de 47 años, teniendo que aguantar ser increpada como mala madre por participar en actos públicos y académicos a horas en las que una madre debía estar cuidando de sus hijos pequeños. Insultos que por su supuesto nunca recibió su marido y padre de sus tres hijos.
Pero además de su contribución teórica, Alva fue una socialdemócrata que lideró varias comisiones gubernamentales como la del Trabajo de las mujeres (1935-1938) en la que se discutió el derecho al empleo de las mujeres casadas, argumento al que Alva Myrdal dio la vuelta, abogando por el derecho de las mujeres trabajadoras a poder formar una familia y tener hijos gracias a la corresponsabilidad del Estado en el cuidado de los niños con la puesta en marcha de los servicios sociales.
Con 47 años, en 1949, obtuvo el cargo más alto que hasta la fecha había ostentado una mujer en un organismo internacional al ser nombrada Directora del Departamento de Asuntos Sociales de Naciones Unidas. También fue directora del Departamento de Ciencias Sociales de la UNESCO. Posteriormente fue miembro del Parlamento y del gobierno sueco, así como delegada sueca en la Conferencia internacional sobre desarme en Ginebra entre 1962-1973. Esta experiencia le valió para escribir su última gran obra The Game of Disarment (1976), y obtener el Premio Nobel de la paz en 1982, igualando en honores a su marido, Gunnar Myrdal, que había obtenido el de economía en 1974.
Sin embargo, la biografía de Alva Myrdal también contiene sombras, como su apoyo a la política de esterilización llevada a cabo por el gobierno sueco en los años 30 del siglo xx. Aunque hay que decir que no participó en la redacción de las leyes, ni en su implementación. Además, su apoyo no estuvo condicionado por creer en la eugenesia que tan en boga estaba en aquella época, sino en su convencimiento de que el bienestar de los niños estaba por encima del derecho de los adultos de ser padres.
19 de septiembre de 2012
La compasión judicial
Por Fernando Rey
El juez debe negarse a comprender al delincuente. No cabe la compasión. Debe aplicar la ley. Por supuesto, tendrá su opinión personal sobre el caso a decidir, que no necesariamente coincidirá con su veredicto. Es posible, por ejemplo, que piense que había razones poderosas para justificar la conducta del delincuente, o que él mismo habría hecho algo parecido en una situación similar, pero el juez se ve obligado a aplicar las reglas de sanción que le vienen dadas. Es el legislador, es decir, quien representa por antonomasia a los ciudadanos porque es elegido por ellos, el que debe establecer la política criminal. Ciertamente, esto no significa que el juez no disponga de un cierto margen de apreciación personal porque, al aplicar la ley, tiene previamente que interpretarla, y determinar el sentido de una norma no es fácil y admite diversas posibilidades. Con las normas en la mano podría justificarse, por ejemplo, tanto la excarcelación del etarra enfermo de cáncer, como su mantenimiento en prisión hasta que la enfermedad avanzara más. Se trata de decisiones ampliamente discrecionales.
Muchos ciudadanos creen que nuestro sistema penal es demasiado amable con los delincuentes. En algunos aspectos, como sabemos los juristas, esto es verdad. Pero, desde otro punto de vista, tampoco deberíamos ignorar y despreciar la corriente humanizadora que, desde la Ilustración, ha venido configurando un derecho penal más justo y equilibrado. Todo esto no tiene que ver con la compasión, sino con la ineludible necesidad de que en un Estado democrático las autoridades impartan justicia y no venganza.
El juez debe negarse a comprender al delincuente. No cabe la compasión. Debe aplicar la ley. Por supuesto, tendrá su opinión personal sobre el caso a decidir, que no necesariamente coincidirá con su veredicto. Es posible, por ejemplo, que piense que había razones poderosas para justificar la conducta del delincuente, o que él mismo habría hecho algo parecido en una situación similar, pero el juez se ve obligado a aplicar las reglas de sanción que le vienen dadas. Es el legislador, es decir, quien representa por antonomasia a los ciudadanos porque es elegido por ellos, el que debe establecer la política criminal. Ciertamente, esto no significa que el juez no disponga de un cierto margen de apreciación personal porque, al aplicar la ley, tiene previamente que interpretarla, y determinar el sentido de una norma no es fácil y admite diversas posibilidades. Con las normas en la mano podría justificarse, por ejemplo, tanto la excarcelación del etarra enfermo de cáncer, como su mantenimiento en prisión hasta que la enfermedad avanzara más. Se trata de decisiones ampliamente discrecionales.
Muchos ciudadanos creen que nuestro sistema penal es demasiado amable con los delincuentes. En algunos aspectos, como sabemos los juristas, esto es verdad. Pero, desde otro punto de vista, tampoco deberíamos ignorar y despreciar la corriente humanizadora que, desde la Ilustración, ha venido configurando un derecho penal más justo y equilibrado. Todo esto no tiene que ver con la compasión, sino con la ineludible necesidad de que en un Estado democrático las autoridades impartan justicia y no venganza.
10 de julio de 2012
¿Dónde me hubiera gustado nacer? Nueva York, 1961
Por Iñaki Esteban
Un lugar agradable donde haber nacido estaría en la parte alta y señorial de Manhattan: museos, bibliotecas y universidades de primera clase, además de Central Park a modo de jardín multiusos, para correr, asistir a conciertos o sencillamente tumbarse en la hierba. A pesar de ser un buen plan como partida de nacimiento, para mí y para todos, noto algo demasiado abstracto en ese paisaje, o demasiado ideal. Luego hay que llenar ese marco de experiencias y siento que a quien crezca de ese modo tan perfecto le faltará algo, el conflicto, más allá de los tormentos interiores a lo Proust.

Sin salir de Nueva York, parece más real y más denso lo que Martin Scorsese ha contado de sí mismo y de su barrio italiano en sus películas, dicho sea sin ánimo de postularse para entrar en la mafia. O lo que contó Spike Lee.
Luego hay lugares en los que no sé si a uno les habría gustado nacer aunque sin duda le encantaría vivir. Uno de ellos es Londres. ¿Qué Londres? No lo sé. El de una parte discreta y céntrica, quizá la de Holland Park, porque levantarse allí aunque llueva sin descanso infunde felicidad. En realidad, me gusta todo Londres. Hasta el sucio y descascarillado del East End. Debe de ser algo anormal.
Por lo demás, no entiendo a las personas que piensan que han nacido en el mejor sitio del mundo. No les entendería si incluso me dijeran que lo hicieron en una casa al lado del mar en la isla Martinica. No soporto ese grado de conformismo.
(Iñaki Esteban nació en Amurrio, Álava)
Un lugar agradable donde haber nacido estaría en la parte alta y señorial de Manhattan: museos, bibliotecas y universidades de primera clase, además de Central Park a modo de jardín multiusos, para correr, asistir a conciertos o sencillamente tumbarse en la hierba. A pesar de ser un buen plan como partida de nacimiento, para mí y para todos, noto algo demasiado abstracto en ese paisaje, o demasiado ideal. Luego hay que llenar ese marco de experiencias y siento que a quien crezca de ese modo tan perfecto le faltará algo, el conflicto, más allá de los tormentos interiores a lo Proust.

Sin salir de Nueva York, parece más real y más denso lo que Martin Scorsese ha contado de sí mismo y de su barrio italiano en sus películas, dicho sea sin ánimo de postularse para entrar en la mafia. O lo que contó Spike Lee.
Luego hay lugares en los que no sé si a uno les habría gustado nacer aunque sin duda le encantaría vivir. Uno de ellos es Londres. ¿Qué Londres? No lo sé. El de una parte discreta y céntrica, quizá la de Holland Park, porque levantarse allí aunque llueva sin descanso infunde felicidad. En realidad, me gusta todo Londres. Hasta el sucio y descascarillado del East End. Debe de ser algo anormal.
Por lo demás, no entiendo a las personas que piensan que han nacido en el mejor sitio del mundo. No les entendería si incluso me dijeran que lo hicieron en una casa al lado del mar en la isla Martinica. No soporto ese grado de conformismo.
(Iñaki Esteban nació en Amurrio, Álava)
18 de junio de 2012
¡Que inventen ellos!
Por Pere Escorsa
A principios del pasado siglo Miguel de Unamuno lanzó esta exclamación que pronto se hizo famosa, reflejo de la impotencia española frente a la mayor capacidad científica de los países del Norte. Sin embargo, en los últimos diez años España ha realizado un esfuerzo notable de aproximación a los países líderes.
En el período 2007-2012 España se situó como el noveno país del mundo por publicaciones científicas, con 583.554 documentos, delante de Rusia, Holanda, Corea del Sur (430.438 documentos), Brasil, Suiza o Suecia. Nuestro país se acercaba al pelotón de cabeza. Se considera que el número de artículos en las 5.700 revistas punteras que aparecen en la base de datos del ISI (Institute for Scientific Information) son un buen indicador del nivel investigador de un país.
Esta posición oculta un grave defecto: con la política del “café para todos” han proliferado demasiados centros de investigación que no alcanzan una masa crítica. No hay prioridades. Todas las universidades, por ejemplo, duplican esfuerzos pretendiendo investigar en las mismas áreas. Se impone una reestructuración urgente del sistema investigador.
Un caso curioso: según la base de datos Gopubmed, Barcelona, empatada con Boston, encabeza la clasificación mundial en publicaciones sobre nanomedicina en el 2011, con 106 artículos, cuyos autores están dispersos en una multitud de centros.
Pero con la crisis llegaron los recortes. En los Presupuestos Generales para el 2012 la cantidad reservada para toda la investigación civil cae un 25 por ciento respecto al año pasado, retrocediendo al nivel de 2006. Pasa a una dotación de 5.633 millones de euros frente a 7.518 millones el año anterior. Esto significará que muchos programas se interrumpirán a medio camino, que muchos científicos se quedarán sin contrato y deberán emigrar, que no se rejuvenecerán las plantillas contratando a nuevos investigadores jóvenes.
En el 2011 la financiación de la Ciencia en España fue del 1,3 por ciento del PIB, mientras que en Alemania o Francia supera el 2,5 por ciento. El gap vuelve a crecer. Gastamos más en lotería que en I+D. Años atrás, en la agenda de Lisboa se acordó que los países de la Unión Europea deberían alcanzar el 3 por ciento del PIB.
Sin embargo, hay un hecho tan o más preocupante. El número de patentes españolas es ridículo, lo que indica que muy pocas universidades o empresas se apropian de los resultados de la investigación. En el 2008 se concedieron en España 3.636 patentes, frente a las 239.000 de Japón, las 146.871 de los Estados Unidos o las 79.652 de Corea del Sur. Este último país merece un comentario especial: tiene menos publicaciones científicas que España pero, en cambio, protege muchísimo más sus inventos. Otra referencia: IBM con 6.180 patentes en el 2011 casi dobla la cifra española.
En nuestro país el número de patentes por investigador es de 0,02, cifra muy lejana de la de los países de referencia. Para corregir estos resultados el gobierno ha implementado el Plan PI de Promoción de la Propiedad Industrial 2010-2012, demasiado reciente todavía para evaluar sus resultados.
En estas circunstancias ¿quién aprovecha la investigación española? ¿Las empresas españolas?
El vicerrector de la Universidad Politécnica de Cataluña, Xavier Gil, argumenta que aquí no hay suficientes empresas capaces de absorber los resultados de la investigación. Nuestra investigación no se orienta a resolver los problemas del tejido empresarial. Por tanto, es muy probable que las empresas e instituciones extranjeras sean las grandes beneficiarias del esfuerzo investigador español. Este hecho se refleja también en la financiación de la participación española en los Programas de Investigación europeos, en los que la financiación que obtenemos es inferior a lo que aportamos. Solo retorna en forma de proyectos el 80 por ciento de la cantidad que aportamos, mientras que la proporción de Gran Bretaña es del 140 por ciento, la de Finlandia el 170 por ciento o la de Suecia del 140 por ciento.
Estamos financiando parte de la investigación de determinados países europeos. ¿O tal vez la investigación solo sirve para aumentar las retribuciones de los profesores que publican?
A principios del pasado siglo Miguel de Unamuno lanzó esta exclamación que pronto se hizo famosa, reflejo de la impotencia española frente a la mayor capacidad científica de los países del Norte. Sin embargo, en los últimos diez años España ha realizado un esfuerzo notable de aproximación a los países líderes.
En el período 2007-2012 España se situó como el noveno país del mundo por publicaciones científicas, con 583.554 documentos, delante de Rusia, Holanda, Corea del Sur (430.438 documentos), Brasil, Suiza o Suecia. Nuestro país se acercaba al pelotón de cabeza. Se considera que el número de artículos en las 5.700 revistas punteras que aparecen en la base de datos del ISI (Institute for Scientific Information) son un buen indicador del nivel investigador de un país.
Esta posición oculta un grave defecto: con la política del “café para todos” han proliferado demasiados centros de investigación que no alcanzan una masa crítica. No hay prioridades. Todas las universidades, por ejemplo, duplican esfuerzos pretendiendo investigar en las mismas áreas. Se impone una reestructuración urgente del sistema investigador.
Un caso curioso: según la base de datos Gopubmed, Barcelona, empatada con Boston, encabeza la clasificación mundial en publicaciones sobre nanomedicina en el 2011, con 106 artículos, cuyos autores están dispersos en una multitud de centros.
Pero con la crisis llegaron los recortes. En los Presupuestos Generales para el 2012 la cantidad reservada para toda la investigación civil cae un 25 por ciento respecto al año pasado, retrocediendo al nivel de 2006. Pasa a una dotación de 5.633 millones de euros frente a 7.518 millones el año anterior. Esto significará que muchos programas se interrumpirán a medio camino, que muchos científicos se quedarán sin contrato y deberán emigrar, que no se rejuvenecerán las plantillas contratando a nuevos investigadores jóvenes.
En el 2011 la financiación de la Ciencia en España fue del 1,3 por ciento del PIB, mientras que en Alemania o Francia supera el 2,5 por ciento. El gap vuelve a crecer. Gastamos más en lotería que en I+D. Años atrás, en la agenda de Lisboa se acordó que los países de la Unión Europea deberían alcanzar el 3 por ciento del PIB.
Sin embargo, hay un hecho tan o más preocupante. El número de patentes españolas es ridículo, lo que indica que muy pocas universidades o empresas se apropian de los resultados de la investigación. En el 2008 se concedieron en España 3.636 patentes, frente a las 239.000 de Japón, las 146.871 de los Estados Unidos o las 79.652 de Corea del Sur. Este último país merece un comentario especial: tiene menos publicaciones científicas que España pero, en cambio, protege muchísimo más sus inventos. Otra referencia: IBM con 6.180 patentes en el 2011 casi dobla la cifra española.
En nuestro país el número de patentes por investigador es de 0,02, cifra muy lejana de la de los países de referencia. Para corregir estos resultados el gobierno ha implementado el Plan PI de Promoción de la Propiedad Industrial 2010-2012, demasiado reciente todavía para evaluar sus resultados.
En estas circunstancias ¿quién aprovecha la investigación española? ¿Las empresas españolas?
El vicerrector de la Universidad Politécnica de Cataluña, Xavier Gil, argumenta que aquí no hay suficientes empresas capaces de absorber los resultados de la investigación. Nuestra investigación no se orienta a resolver los problemas del tejido empresarial. Por tanto, es muy probable que las empresas e instituciones extranjeras sean las grandes beneficiarias del esfuerzo investigador español. Este hecho se refleja también en la financiación de la participación española en los Programas de Investigación europeos, en los que la financiación que obtenemos es inferior a lo que aportamos. Solo retorna en forma de proyectos el 80 por ciento de la cantidad que aportamos, mientras que la proporción de Gran Bretaña es del 140 por ciento, la de Finlandia el 170 por ciento o la de Suecia del 140 por ciento.
Estamos financiando parte de la investigación de determinados países europeos. ¿O tal vez la investigación solo sirve para aumentar las retribuciones de los profesores que publican?
12 de junio de 2012
Culturas
Por Luis Suñén
Acabo de pasar casi un día en Viena. Un viaje de trabajo, de la noche del domingo a la tarde del lunes. Toda Europa hacía el puente del Primero de Mayo y por lo menos media estaba en la capital austriaca, a treinta grados, demostrando antes de tiempo –sandalia descalza, pantalón corto, michelín al aire– ese axioma que la suegra de un amigo mío despliega en cuanto llegan los calores: “Qué ordinario es el verano”. Tenía una cita a las doce en el Hotel Imperial con Gustavo Dudamel, el joven director de orquesta venezolano, el mejor de los alumnos de José Antonio Abreu y su maravilloso Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela que ha sacado de la calle, de la marginalidad y de la ignorancia a miles de chavales de allá.
Dudamel no fue un marginal pero sí se integró en el Sistema con ganas y ahora es uno de los grandes de la música, uno de los que tiene en sus manos desatascar la clásica de formalidades sin sentido. Me admiró su conciencia de que es un ejemplo para muchos y, sobre todo, su falta de miedo ante esa realidad, su asunción inteligente de algo que ni puede ni quiere evitar, la responsabilidad social que posee a sus 31 años, querido y mimado por el marketing pero bien consciente de dónde está la esencia de su trabajo, de su manera de ser, de su vida como artista y como ser humano.
Como digo, habíamos quedado a mediodía, así que me daba tiempo de sobra a bajar desde el Graben dando un paseo lento y tranquilo, incluso de tomar, como lo hice, y aunque fuera un poco pronto, una cervecita bien fresca en la Karlsplatz.
La primera parada fue en la Peterskirche, esa especie de milagro barroco, de puro exceso, que se salva siempre porque conserva un equilibrio imposible, porque no recibió jamás esa voluta final que hubiera hecho que el asombro se desplomara como se desplomó cuando uno que iba haciendo fotografías se me puso delante. Claro, lo que cuenta no es vivir el instante sino creer que se le hace perdurar con una foto. ¿Perdurar qué, si nada hubo?
Qué distinto el ambiente en la Annenkirche, la iglesia de las oblatas de San Francisco de Sales, en la calle que lleva su nombre, que tiene expuesto el Santísimo y donde no había nadie, supongo que no porque sus bancos sean de una incomodidad penitencial sino porque, a Dios gracias, es menos lucida. Porque lo de la exposición no creo que le cortara un pelo al turismo.
Me acordé de Vargas Llosa, de su cruzada a favor de esa gran cultura que se pierde irremisiblemente en el marasmo de una opinión universal e indocumentada.
¿Cómo juzgar una novela si no se han leído Los miserables o El idiota? ¿Cómo hablar de música sin conocer las sinfonías de Beethoven?
En internet, todos los días, se opina, se juzga así. No es la necesidad del crítico que nos ilumine sino la pérdida de la formación crítica en el ciudadano que se enfrenta a la cultura, al placer estético, a la imagen de la vida. Es admirable la pelea del maestro. Y probablemente inútil, la de quien morirá con las botas puestas. Visto desde la orilla de los que creemos que la modernidad no es intrínsecamente perversa –aunque a veces lo dudemos– el trabajo del gran escritor es un ejemplo de creencia en eso que Edward Morgan Forster llamaba la vida de los valores y que creía imprescindibles en las novelas.
Y, hablando de cultura, alguna vez ha quedado claro en estas páginas que me gusta el fútbol y soy del Real Madrid. Debo sufrir, pues, una cierta esquizofrenia respecto a los modos de José Mourinho comparados permanentemente con los de su tocayo Guardiola. Como se trata de una confrontación que me aburre terriblemente, déjenme que les cite solamente la frase del malvado Mou tras ganar la Liga: “Para esto trabajas, para dar alegría”. Qué cosas: es exactamente lo que le pedimos a los políticos. ¿Y quién de ellos trabaja para eso?
Acabo de pasar casi un día en Viena. Un viaje de trabajo, de la noche del domingo a la tarde del lunes. Toda Europa hacía el puente del Primero de Mayo y por lo menos media estaba en la capital austriaca, a treinta grados, demostrando antes de tiempo –sandalia descalza, pantalón corto, michelín al aire– ese axioma que la suegra de un amigo mío despliega en cuanto llegan los calores: “Qué ordinario es el verano”. Tenía una cita a las doce en el Hotel Imperial con Gustavo Dudamel, el joven director de orquesta venezolano, el mejor de los alumnos de José Antonio Abreu y su maravilloso Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela que ha sacado de la calle, de la marginalidad y de la ignorancia a miles de chavales de allá.
Dudamel no fue un marginal pero sí se integró en el Sistema con ganas y ahora es uno de los grandes de la música, uno de los que tiene en sus manos desatascar la clásica de formalidades sin sentido. Me admiró su conciencia de que es un ejemplo para muchos y, sobre todo, su falta de miedo ante esa realidad, su asunción inteligente de algo que ni puede ni quiere evitar, la responsabilidad social que posee a sus 31 años, querido y mimado por el marketing pero bien consciente de dónde está la esencia de su trabajo, de su manera de ser, de su vida como artista y como ser humano.
Como digo, habíamos quedado a mediodía, así que me daba tiempo de sobra a bajar desde el Graben dando un paseo lento y tranquilo, incluso de tomar, como lo hice, y aunque fuera un poco pronto, una cervecita bien fresca en la Karlsplatz.
La primera parada fue en la Peterskirche, esa especie de milagro barroco, de puro exceso, que se salva siempre porque conserva un equilibrio imposible, porque no recibió jamás esa voluta final que hubiera hecho que el asombro se desplomara como se desplomó cuando uno que iba haciendo fotografías se me puso delante. Claro, lo que cuenta no es vivir el instante sino creer que se le hace perdurar con una foto. ¿Perdurar qué, si nada hubo?
Qué distinto el ambiente en la Annenkirche, la iglesia de las oblatas de San Francisco de Sales, en la calle que lleva su nombre, que tiene expuesto el Santísimo y donde no había nadie, supongo que no porque sus bancos sean de una incomodidad penitencial sino porque, a Dios gracias, es menos lucida. Porque lo de la exposición no creo que le cortara un pelo al turismo.
Me acordé de Vargas Llosa, de su cruzada a favor de esa gran cultura que se pierde irremisiblemente en el marasmo de una opinión universal e indocumentada.
¿Cómo juzgar una novela si no se han leído Los miserables o El idiota? ¿Cómo hablar de música sin conocer las sinfonías de Beethoven?
En internet, todos los días, se opina, se juzga así. No es la necesidad del crítico que nos ilumine sino la pérdida de la formación crítica en el ciudadano que se enfrenta a la cultura, al placer estético, a la imagen de la vida. Es admirable la pelea del maestro. Y probablemente inútil, la de quien morirá con las botas puestas. Visto desde la orilla de los que creemos que la modernidad no es intrínsecamente perversa –aunque a veces lo dudemos– el trabajo del gran escritor es un ejemplo de creencia en eso que Edward Morgan Forster llamaba la vida de los valores y que creía imprescindibles en las novelas.
Y, hablando de cultura, alguna vez ha quedado claro en estas páginas que me gusta el fútbol y soy del Real Madrid. Debo sufrir, pues, una cierta esquizofrenia respecto a los modos de José Mourinho comparados permanentemente con los de su tocayo Guardiola. Como se trata de una confrontación que me aburre terriblemente, déjenme que les cite solamente la frase del malvado Mou tras ganar la Liga: “Para esto trabajas, para dar alegría”. Qué cosas: es exactamente lo que le pedimos a los políticos. ¿Y quién de ellos trabaja para eso?
1 de junio de 2012
Ha llegado el momento de alzarse
Por Federico Mayor Zaragoza
Mucho antes de 2051 la Europa que anhelamos será realidad.
Estamos en 2012, en el inicio de una década que cambiará a Europa, que cambiará al mundo entero, este mundo que hasta ahora ha pertenecido siempre a unos cuantos, un mundo que ha vivido una historia ensangrentada donde sus habitantes, en su inmensa mayoría, nacían, vivían y morían temerosos, anónimos, confinados en un espacio territorial e intelectual limitado. Siglos y siglos de poder absoluto de unos pocos hombres que han seguido sin excepción el perverso adagio de “si quieres la paz, prepara la guerra”. Siglos y siglos de guerras, de confrontaciones en las que millones de víctimas no contaban más que como parte de la fuerza en la que se basaba la gobernación de los pueblos.
De vez en cuando, sobre todo en Europa, salían voces de conciliación, de consideración de las características distintivas de la especie humana, voces de concordia, de armonía: Cristo, que echó a los mercaderes del Templo y ofreció su propia vida; Buda, Confucio. Todos ellos pretendían poner de manifiesto las cualidades inverosímiles que caracterizan a cada ser humano.
Pero pronto la voz de los más poderosos establecía el “orden” basado en el temor.
Europa cambiará radicalmente en los próximos años. Iniciará el cambio, como corresponde, por la justicia. Por la igual consideración de la dignidad de todos los seres humanos. Por la apreciación y respeto generalizado de los “principios democráticos” que tan bien estableció la Constitución de la Unesco. No hay paz sin justicia. La transición a la cultura de paz –“Nosotros, los pueblos hemos resuelto evitar el horror de la guerra a las generaciones venideras”– implica situar en el centro de nuestro comportamiento cotidiano los “ideales democráticos” que de manera tan clarividente estableció la Unesco en momentos de tanta tensión humana al término de la segunda gran guerra.
Se promovió el desarrollo, compartir, respetar a cualquier persona, sea cual fuera su género, etnia, creencia, ideología. Pero luego, la codicia, las ambiciones sin fin, unidas a la irresponsabilidad de muchos líderes, en su mayoría mediocres, no permitió aprovechar la gran oportunidad que representaba, a finales de la década de los 80, el término de la “guerra fría”. Era una oportunidad excepcional. Todos esperábamos los “dividendos de la paz”. Circunstancias tan favorables como el hundimiento, sin una sola gota de sangre, del Imperio soviético, y la finalización del apartheid racial en Sudáfrica; y el fin de la guerra civil de Mozambique, y de El Salvador; y el inicio del proceso de paz en Guatemala no fueron debidamente aprovechadas. Una vez más, las ambiciones hegemónicas no supieron reconocer lo que hubiera podido ser una auténtica inflexión histórica.
Con gran rapidez, como si el resto del mundo no existiera, los líderes de Estados Unidos y el Reino Unido sustituyeron los valores éticos por los valores del mercado, y a las Naciones Unidas por pequeños grupos de los países más ricos. Sustituyeron la democracia por la plutocracia y desoyeron las recomendaciones que seguían emitiendo la Asamblea General de Naciones Unidas y otras instituciones del sistema: la imperiosa necesidad de educación para todos a lo largo de toda la vida (1990); el medio ambiente (1992); los compromisos para el desarrollo social, el papel central de la mujer, y la tolerancia (1995); la Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz (1999); los objetivos del milenio (año 2000), la Carta de la Tierra, etc.
El dinero lo invadió todo, lo ocultó todo, hasta las responsabilidades intergeneracionales. ¡La debacle occidental ha llegado a tal grado que en la Unión Europea el acoso de los mercados no solo ha hecho cambiar los programas de gobiernos democráticos sino que ha designado sin urnas ni comicios electorales a los gobiernos de Grecia, cuna de la democracia, y de Italia!
Sin orden ni concierto, de rodillas ante “el gran dominio” del otro lado del Atlántico, la Europa de hoy solo ha aprendido a recortar sin crecer, a fijarse fechas límites para reducir sus déficits y ajustar sus cuentas mientras siguen sin disponer de un sistema de seguridad autónomo, sin poner a la OTAN en el sitio que le corresponde, evitando los inmensos gastos militares que la Alianza conlleva; sin ser capaz de establecer una federación fiscal y económica; y una justicia que sea capaz de resolver con rapidez las cuestiones que le correspondan, y eliminando de un plumazo la antidemocrática necesidad de unanimidad para la adopción de acuerdos de la Unión.
Los ultras –los extremistas del Estado-nación– se multiplican y muestran siniestros rasgos de xenofobia. Europa será pronto símbolo de convivencia y de progreso. Porque, y esto es lo importante, por primera vez son ahora los pueblos los que participan, los que dejan de ser súbditos y pasan a ser ciudadanos plenos.
En muy pocos años, Europa presentará a la aprobación de la Asamblea General de unas Naciones Unidas refundadas un nuevo diseño institucional. Y Europa, la Europa a la deriva actual, superará los problemas que hoy padece gracias a más y mejor democracia y se convertirá en el gran defensor del pluralismo y de la justicia social.
En pocos años, en lugar de explotar, Europa cooperará con los países “vecinos”; Turquía, Rusia y el Magreb serán grandes aliados y mantendrá unas relaciones cordiales y efectivas con América Latina y África. Será un mundo muy distinto del actual en el cual las asociaciones regionales tendrán un singular relieve. Los Estados-paraísos fiscales desaparecerán. Sin estridencias, la vergüenza que hoy representan llegará a su fin.
Sí, después de siglos de poder absoluto masculino y de habitantes de la Tierra atemorizados, se ha iniciado ya un tiempo nuevo en que todos participarán, se expresarán, se conocerán, respetarán a las instituciones de gobernación que habrán puesto en pie.
Europa será ya una gran democracia dentro de pocos años. Elaborará la Declaración Universal de la Democracia y constituirá una de las piezas angulares de la nueva era de “ciudadanos conscientes”. En diez años, Europa figurará en la vanguardia de los grandes protagonistas del “nuevo comienzo”. El mundo irá pasando progresivamente, sencillamente, de la fuerza a la palabra.
Mucho antes de 2051 la Europa que anhelamos será realidad.
Estamos en 2012, en el inicio de una década que cambiará a Europa, que cambiará al mundo entero, este mundo que hasta ahora ha pertenecido siempre a unos cuantos, un mundo que ha vivido una historia ensangrentada donde sus habitantes, en su inmensa mayoría, nacían, vivían y morían temerosos, anónimos, confinados en un espacio territorial e intelectual limitado. Siglos y siglos de poder absoluto de unos pocos hombres que han seguido sin excepción el perverso adagio de “si quieres la paz, prepara la guerra”. Siglos y siglos de guerras, de confrontaciones en las que millones de víctimas no contaban más que como parte de la fuerza en la que se basaba la gobernación de los pueblos.
De vez en cuando, sobre todo en Europa, salían voces de conciliación, de consideración de las características distintivas de la especie humana, voces de concordia, de armonía: Cristo, que echó a los mercaderes del Templo y ofreció su propia vida; Buda, Confucio. Todos ellos pretendían poner de manifiesto las cualidades inverosímiles que caracterizan a cada ser humano.
Pero pronto la voz de los más poderosos establecía el “orden” basado en el temor.
Europa cambiará radicalmente en los próximos años. Iniciará el cambio, como corresponde, por la justicia. Por la igual consideración de la dignidad de todos los seres humanos. Por la apreciación y respeto generalizado de los “principios democráticos” que tan bien estableció la Constitución de la Unesco. No hay paz sin justicia. La transición a la cultura de paz –“Nosotros, los pueblos hemos resuelto evitar el horror de la guerra a las generaciones venideras”– implica situar en el centro de nuestro comportamiento cotidiano los “ideales democráticos” que de manera tan clarividente estableció la Unesco en momentos de tanta tensión humana al término de la segunda gran guerra.
Se promovió el desarrollo, compartir, respetar a cualquier persona, sea cual fuera su género, etnia, creencia, ideología. Pero luego, la codicia, las ambiciones sin fin, unidas a la irresponsabilidad de muchos líderes, en su mayoría mediocres, no permitió aprovechar la gran oportunidad que representaba, a finales de la década de los 80, el término de la “guerra fría”. Era una oportunidad excepcional. Todos esperábamos los “dividendos de la paz”. Circunstancias tan favorables como el hundimiento, sin una sola gota de sangre, del Imperio soviético, y la finalización del apartheid racial en Sudáfrica; y el fin de la guerra civil de Mozambique, y de El Salvador; y el inicio del proceso de paz en Guatemala no fueron debidamente aprovechadas. Una vez más, las ambiciones hegemónicas no supieron reconocer lo que hubiera podido ser una auténtica inflexión histórica.
Con gran rapidez, como si el resto del mundo no existiera, los líderes de Estados Unidos y el Reino Unido sustituyeron los valores éticos por los valores del mercado, y a las Naciones Unidas por pequeños grupos de los países más ricos. Sustituyeron la democracia por la plutocracia y desoyeron las recomendaciones que seguían emitiendo la Asamblea General de Naciones Unidas y otras instituciones del sistema: la imperiosa necesidad de educación para todos a lo largo de toda la vida (1990); el medio ambiente (1992); los compromisos para el desarrollo social, el papel central de la mujer, y la tolerancia (1995); la Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz (1999); los objetivos del milenio (año 2000), la Carta de la Tierra, etc.
El dinero lo invadió todo, lo ocultó todo, hasta las responsabilidades intergeneracionales. ¡La debacle occidental ha llegado a tal grado que en la Unión Europea el acoso de los mercados no solo ha hecho cambiar los programas de gobiernos democráticos sino que ha designado sin urnas ni comicios electorales a los gobiernos de Grecia, cuna de la democracia, y de Italia!
Sin orden ni concierto, de rodillas ante “el gran dominio” del otro lado del Atlántico, la Europa de hoy solo ha aprendido a recortar sin crecer, a fijarse fechas límites para reducir sus déficits y ajustar sus cuentas mientras siguen sin disponer de un sistema de seguridad autónomo, sin poner a la OTAN en el sitio que le corresponde, evitando los inmensos gastos militares que la Alianza conlleva; sin ser capaz de establecer una federación fiscal y económica; y una justicia que sea capaz de resolver con rapidez las cuestiones que le correspondan, y eliminando de un plumazo la antidemocrática necesidad de unanimidad para la adopción de acuerdos de la Unión.
Los ultras –los extremistas del Estado-nación– se multiplican y muestran siniestros rasgos de xenofobia. Europa será pronto símbolo de convivencia y de progreso. Porque, y esto es lo importante, por primera vez son ahora los pueblos los que participan, los que dejan de ser súbditos y pasan a ser ciudadanos plenos.
En muy pocos años, Europa presentará a la aprobación de la Asamblea General de unas Naciones Unidas refundadas un nuevo diseño institucional. Y Europa, la Europa a la deriva actual, superará los problemas que hoy padece gracias a más y mejor democracia y se convertirá en el gran defensor del pluralismo y de la justicia social.
En pocos años, en lugar de explotar, Europa cooperará con los países “vecinos”; Turquía, Rusia y el Magreb serán grandes aliados y mantendrá unas relaciones cordiales y efectivas con América Latina y África. Será un mundo muy distinto del actual en el cual las asociaciones regionales tendrán un singular relieve. Los Estados-paraísos fiscales desaparecerán. Sin estridencias, la vergüenza que hoy representan llegará a su fin.
Sí, después de siglos de poder absoluto masculino y de habitantes de la Tierra atemorizados, se ha iniciado ya un tiempo nuevo en que todos participarán, se expresarán, se conocerán, respetarán a las instituciones de gobernación que habrán puesto en pie.
Europa será ya una gran democracia dentro de pocos años. Elaborará la Declaración Universal de la Democracia y constituirá una de las piezas angulares de la nueva era de “ciudadanos conscientes”. En diez años, Europa figurará en la vanguardia de los grandes protagonistas del “nuevo comienzo”. El mundo irá pasando progresivamente, sencillamente, de la fuerza a la palabra.
22 de mayo de 2012
Maestros de cada día
Por Xavier Busquet
La muerte es un misterio. El morir no. El morir forma parte de la vida, como el nacer. Vivimos en una sociedad que negando la muerte niega el morir. Y negando el morir desposee a la persona que muere de su dignidad. Negando el morir reclama la profesionalización del cuidado de los moribundos. Los profesionales se encuentran ante el sufrimiento, ante el “dolor total” que genera toda situación límite. Lo biológico, lo mental y lo psicológico, lo social y lo familiar, lo espiritual y lo religioso: todo ello forma un todo a acompañar. Tratar lo tratable; acompañar lo intratable. Se impone la última parte del viejo aforismo: “Curar a veces. Mejorar a menudo. Confortar siempre.” Atender a una persona que se halla al final de su vida implica trascender lo biológico, acoger lo biográfico y fortalecer la toma de decisiones propias.
En este contexto entendemos lo espiritual como un recurso profundamente humano y universal, que nos mueve a reconciliarnos con nosotros mismos, con los demás, y con lo que nos trasciende a nosotros mismos y a los demás. Dar a la persona el espacio para poder hacer este trabajo posibilitará el morir en paz. Negarlo, centrarse solo en lo biológico, deshumaniza la asistencia, aísla al enfermo y deja a los familiares heridas a menudo insalvables. Dicen que por cada muerte hay cinco afectados para toda la vida. Atender bien el morir es, paradójicamente, medicina preventiva.
Sirva de ilustración esta vivencia, 24 horas antes de la muerte de Francesc, uno más de los maestros que nos regala la vida cada día:
“50 años. Extremadamente delgado: en lugar de rabia una sonrisa ancha.
–Cuando murió mi madre me enfadé mucho, mucho. La vida es una estafa, me decía… y me decía a mí mismo que esto no podía ser. No hallaba salida. Con el tiempo ví que la vida tiene sentido, pero no lo sabemos y esto es fantástico. Lo más fantástico de la vida es que tiene sentido y no sabemos cuál es.
La enfermera pregunta:
–¿Como un misterio?
–Exacto, esta es la palabra exacta. Misterio.
Explica, con su amable sonreír:
–Al caer enfermo reencontré el placer por el trabajo, y en un mes hice un proyecto arquitectónico que normalmente me costaba seis meses hacer: era como si la mente se me hubiera abierto. Lo he regalado a los del despacho… Era todo claro, transparente.
Ahora me pide que me siente a su lado, en la cama.
–El cuerpo es una máquina perfecta. Ahora las bisagras chirrían, pero continuo siendo el “gamberro” que era de pequeño. Me siento el mismo, me gusta el contacto físico, la batalla cuerpo a cuerpo, el contacto: así es como me comunico con los hijos, y me gusta.
No puedo evitarlo y le acaricio la cara en muestra de gratitud y admiración.
Ayer le dijo a la esposa, antes de dormir:
–No me llores. Yo velaré por ti y por los niños, con una varita mágica. Quién sabe. Ahora es el tiempo que muere la salvia”.
La muerte es un misterio. El morir no. El morir forma parte de la vida, como el nacer. Vivimos en una sociedad que negando la muerte niega el morir. Y negando el morir desposee a la persona que muere de su dignidad. Negando el morir reclama la profesionalización del cuidado de los moribundos. Los profesionales se encuentran ante el sufrimiento, ante el “dolor total” que genera toda situación límite. Lo biológico, lo mental y lo psicológico, lo social y lo familiar, lo espiritual y lo religioso: todo ello forma un todo a acompañar. Tratar lo tratable; acompañar lo intratable. Se impone la última parte del viejo aforismo: “Curar a veces. Mejorar a menudo. Confortar siempre.” Atender a una persona que se halla al final de su vida implica trascender lo biológico, acoger lo biográfico y fortalecer la toma de decisiones propias.
En este contexto entendemos lo espiritual como un recurso profundamente humano y universal, que nos mueve a reconciliarnos con nosotros mismos, con los demás, y con lo que nos trasciende a nosotros mismos y a los demás. Dar a la persona el espacio para poder hacer este trabajo posibilitará el morir en paz. Negarlo, centrarse solo en lo biológico, deshumaniza la asistencia, aísla al enfermo y deja a los familiares heridas a menudo insalvables. Dicen que por cada muerte hay cinco afectados para toda la vida. Atender bien el morir es, paradójicamente, medicina preventiva.
Sirva de ilustración esta vivencia, 24 horas antes de la muerte de Francesc, uno más de los maestros que nos regala la vida cada día:
“50 años. Extremadamente delgado: en lugar de rabia una sonrisa ancha.
–Cuando murió mi madre me enfadé mucho, mucho. La vida es una estafa, me decía… y me decía a mí mismo que esto no podía ser. No hallaba salida. Con el tiempo ví que la vida tiene sentido, pero no lo sabemos y esto es fantástico. Lo más fantástico de la vida es que tiene sentido y no sabemos cuál es.
La enfermera pregunta:
–¿Como un misterio?
–Exacto, esta es la palabra exacta. Misterio.
Explica, con su amable sonreír:
–Al caer enfermo reencontré el placer por el trabajo, y en un mes hice un proyecto arquitectónico que normalmente me costaba seis meses hacer: era como si la mente se me hubiera abierto. Lo he regalado a los del despacho… Era todo claro, transparente.
Ahora me pide que me siente a su lado, en la cama.
–El cuerpo es una máquina perfecta. Ahora las bisagras chirrían, pero continuo siendo el “gamberro” que era de pequeño. Me siento el mismo, me gusta el contacto físico, la batalla cuerpo a cuerpo, el contacto: así es como me comunico con los hijos, y me gusta.
No puedo evitarlo y le acaricio la cara en muestra de gratitud y admiración.
Ayer le dijo a la esposa, antes de dormir:
–No me llores. Yo velaré por ti y por los niños, con una varita mágica. Quién sabe. Ahora es el tiempo que muere la salvia”.
16 de mayo de 2012
¿La flexiseguridad?
Por Eduardo Rojo Torrecilla
La normativa laboral debe proteger a todas las personas trabajadoras, y con mayor intensidad a quienes se encuentran en situación más difícil en el mercado de trabajo. Estoy pensando fundamentalmente en quienes tienen poca cualificación, y también en muchas mujeres que se ven imposibilitadas de llevar a cabo, en la realidad cotidiana y no la de laboratorio, una buena conciliación de vida familiar y laboral.
El Derecho del Trabajo nunca ha sido un freno, y no lo ha de ser, para permitir el desarrollo de la actividad empresarial que apuesta por la economía social, cooperativa y con participación del personal.
Apostar por la formación es uno de los ejes fundamentales de cualquier propuesta de la izquierda laboral, porque solo aquellas personas bien formadas están en condiciones de adaptarse a los cambios económicos y sociales.
Buscar un modelo de empresa que no abdique del logro de resultados económicos positivos pero que permita una mejor distribución de los beneficios obtenidos ha de ser un punto de referencia básico de una política socialmente progresista.
Apostar por un modelo de “flexibilidad”, palabra tan de moda que ya la hemos desgastado, en el que la seguridad de las personas que tienen un trabajo se combine adecuadamente con la protección de aquellas que lo buscan es algo fundamental.
Y mecanismos de protección social que permitan a todas las personas tener unas expectativas de vida razonablemente buenas después de salir del mundo laboral. O dicho con lenguaje más claro: pensiones dignas.
No es mucho pedir, pero en los tiempos que corren hasta puede parecer una propuesta revolucionaria.
Potenciar una reforma laboral que no desequilibre las relaciones de trabajo en claro detrimento de los trabajadores y de sus organizaciones como ha hecho la recientemente aprobada por el gobierno español. Quizá yo sea un poco anticuado, pero sigo pensando que las relaciones laborales que funcionan mejor son aquellas que se basan en el acuerdo y el diálogo social, y que las empresas mejores y más socialmente responsables son las que poseen una plantilla bien formada, permanente y motivada.
No descargar todo el ajuste sobre las personas que viven de su trabajo, aunque algunos les llamen “privilegiados” por su (por cierto cada vez menor) seguridad laboral, es decir los funcionarios, que desean desarrollar su actividad en beneficio de toda la colectividad.
Y, sobre todo, pensar que la normativa laboral contribuye al crecimiento económico y a la mejora de los niveles de empleo y de reducción de los de desempleo en importancia mucho menor que las reformas económicas, aquellas que interesan de verdad. Y desde luego, esas reformas no son tarea de los laboralistas sino de los políticos que están al frente de los gobiernos.
La normativa laboral debe proteger a todas las personas trabajadoras, y con mayor intensidad a quienes se encuentran en situación más difícil en el mercado de trabajo. Estoy pensando fundamentalmente en quienes tienen poca cualificación, y también en muchas mujeres que se ven imposibilitadas de llevar a cabo, en la realidad cotidiana y no la de laboratorio, una buena conciliación de vida familiar y laboral.
El Derecho del Trabajo nunca ha sido un freno, y no lo ha de ser, para permitir el desarrollo de la actividad empresarial que apuesta por la economía social, cooperativa y con participación del personal.
Apostar por la formación es uno de los ejes fundamentales de cualquier propuesta de la izquierda laboral, porque solo aquellas personas bien formadas están en condiciones de adaptarse a los cambios económicos y sociales.
Buscar un modelo de empresa que no abdique del logro de resultados económicos positivos pero que permita una mejor distribución de los beneficios obtenidos ha de ser un punto de referencia básico de una política socialmente progresista.
Apostar por un modelo de “flexibilidad”, palabra tan de moda que ya la hemos desgastado, en el que la seguridad de las personas que tienen un trabajo se combine adecuadamente con la protección de aquellas que lo buscan es algo fundamental.
Y mecanismos de protección social que permitan a todas las personas tener unas expectativas de vida razonablemente buenas después de salir del mundo laboral. O dicho con lenguaje más claro: pensiones dignas.
No es mucho pedir, pero en los tiempos que corren hasta puede parecer una propuesta revolucionaria.
Potenciar una reforma laboral que no desequilibre las relaciones de trabajo en claro detrimento de los trabajadores y de sus organizaciones como ha hecho la recientemente aprobada por el gobierno español. Quizá yo sea un poco anticuado, pero sigo pensando que las relaciones laborales que funcionan mejor son aquellas que se basan en el acuerdo y el diálogo social, y que las empresas mejores y más socialmente responsables son las que poseen una plantilla bien formada, permanente y motivada.
No descargar todo el ajuste sobre las personas que viven de su trabajo, aunque algunos les llamen “privilegiados” por su (por cierto cada vez menor) seguridad laboral, es decir los funcionarios, que desean desarrollar su actividad en beneficio de toda la colectividad.
Y, sobre todo, pensar que la normativa laboral contribuye al crecimiento económico y a la mejora de los niveles de empleo y de reducción de los de desempleo en importancia mucho menor que las reformas económicas, aquellas que interesan de verdad. Y desde luego, esas reformas no son tarea de los laboralistas sino de los políticos que están al frente de los gobiernos.
2 de mayo de 2012
Mi apuesta por la izquierda
Por Joaquim Gomis
Esta mañana, casualmente, he encontrado estas palabras de Alfonso C. Comín, escritas en la Pascua de 1974, en su valiosa introducción a las obras completas de Emmanuel Mounier: “El Ciervo, especialmente en su tarea de revista pionera de un nuevo modo de pensar para el cristiano”. Lo escribe hablando de la influencia de Mounier, en España, no tanto a través de discípulos o escuelas propiamente dichas, sino más en diversas revistas, y la primera que cita es esta, nuestra y suya (“Mounier se ‘infiltró’ a través del pensamiento contestatario cristiano contra toda corriente oficial”). Luego no sé si las cosas han seguido por el mismo camino y uno a veces se siente hoy lejano de quienes se presentan como seguidores de Mounier. No soy ningún especialista para dictar sentencia mounierista pero ciertamente en aquellos primeros tiempos de esta revista el testimonio y el mensaje de Mounier –como de sus sucesores en la dirección de Esprit, Béguin y Domenach– estuvo muy presente. No la busquen quienes, por edad, hoy apenas les conocen. Les costará encontrarla porque era un presencia diría que oculta. No por deseo de ocultarla sino porque era como subterránea, de corriente de fondo.
Lorenzo, nada dado al panegírico y poco a extenderse en el elogio de personajes, escribió en el lejano 1957 un artículo reveladoramente titulado “Una aventura” dedicado a Mounier y a Béguin tras la muerte de éste, siete años después de la muerte del primero. Lorenzo humoriza sobre el hecho de que los dos murieran “a media vida y en pleno trabajo” aunque fueran solo directores de una revista modesta y pobre como Esprit (humoriza, digo, porque por lo que cuenta acababa de publicarse un estudio según el cual era la presidencia de Estados Unidos el cargo que “mataba” más pronto a sus ocupantes). Pero más allá de esta anécdota, quien lea hoy aquel artículo percibirá una clara admiración del director de El Ciervo por sus colegas franceses. No exactamente por identidad de opciones sino por algo más hondo: por sintonía de actitudes. O, dicho de otro modo, por comunión en lo que anuncia el título del artículo: “Una aventura”. Que se explica en la cita de Mounier que encabeza el artículo: “Lo esencial es el sentido de la búsqueda y la calidad de los hombres”. Frase típicamente mouneriana y me atrevería a decir que definitoriamente ciervística. Creo.
Mounier y Comín se cuelan
Titulé que Mounier y Comín se colaban. Y es que un servidor quería hablar hoy sobre la izquierda pero ha encontrado por azar la cita de Alfonso que le ha llevado a Emmanuel y luego a Lorenzo y uno tras otro –todos queridos– se han ido colando. No lo lamento porque siempre es mejor hablar de personas que no de temas. Y lo previsto –la izquierda–, a pesar del enfoque que uno había imaginado, tenía el riesgo de aparecer como un tema.
No quería hablar de la izquierda como una cuestión teórica, como un problema. Ni intrincarme en juicios sobre la izquierda actual, su presente y su porvenir. De ello, por lo que he me ha enseñado Alexis –después de compartir entusiasmos por los éxitos de su Athletic de Bilbao– ya se habla con mayor competencia en este número. Competencia y en general notable pesimismo, lo cual ya declaro que me duele. No porque disienta –hay de todo– sino por algo más hondo.
Que es precisamente de lo quería hablar en esta página. Y que ya va siendo hora de comunicar. Porque se trata simplemente de una confesión. Que no sé si interesará al lector, pero sí me interesa a mí. Y mucho. Porque se trata de una confesión que lamentaría no quedara claramente afirmada en estas páginas en las que mes tras mes intento comunicarme. Me pregunto: ¿queda suficientemente claro que una de mis opciones más hondas es la apuesta por la izquierda? Una opción que no admite vacilaciones, dudas, escepticismos. Es como una fe connatural. No sabría vivir sin ella. Aunque no sepa demasiado como justificar. Volviendo a Mounier, podría hacer mía la definición que él hacía de su personalismo: para mí la izquierda no es un sistema y menos una pertenencia a tal o cual organización sino “una perspectiva, un método, una exigencia”. O dicho con otras palabras, es un modo de sentir, de juzgar, de intentar actuar.
Por eso, porque es una opción básica, puede admitir la crítica de las izquierdas –de las organizaciones, teorizaciones, etc., que se presentan como de izquierdas– pero ello no lleva al abandono. No participo de la actual tendencia a criticar las izquierdas hasta denigrarlas o simplemente abandonarlas. El que esté limpio de culpa que tire la primera piedra. Veo muchos con la piedra en la mano, pocos que reconozcan que la culpa es compartida. Las piedras sirven para construir, para edificar, no para derruir.
De ahí que quiera comprometerme a ser fiel a la opción por la izquierda. En todos los campos: en la política, en la lucha social, en el ámbito de la creencia y de la comunión cristiana. Me disgusta que los defectos de las izquierdas sirvan como excusa para el abandono de la izquierda. O para escoger dos caminos que me parecen equivocados. Uno es la exaltación de posiciones de extrema izquierda, que juzgo erróneas porque no construyen (Mounier hablaba de la necesidad de luchar contra “el desorden establecido” que defienden las derechas pero un desorden no se combate desde otro desorden). El otro camino equivocado es a mi parecer el del centroizquierda, muchas veces simple derecha disimulada, partidaria de las soluciones medias que –como decía Bernanos– suelen ser soluciones mediocres (y aquí me permito recordar un artículo que se titulaba “Las soluciones medias”, basado en estas palabras de Bernanos, que publiqué en el lejano 1957).
Esta mañana, casualmente, he encontrado estas palabras de Alfonso C. Comín, escritas en la Pascua de 1974, en su valiosa introducción a las obras completas de Emmanuel Mounier: “El Ciervo, especialmente en su tarea de revista pionera de un nuevo modo de pensar para el cristiano”. Lo escribe hablando de la influencia de Mounier, en España, no tanto a través de discípulos o escuelas propiamente dichas, sino más en diversas revistas, y la primera que cita es esta, nuestra y suya (“Mounier se ‘infiltró’ a través del pensamiento contestatario cristiano contra toda corriente oficial”). Luego no sé si las cosas han seguido por el mismo camino y uno a veces se siente hoy lejano de quienes se presentan como seguidores de Mounier. No soy ningún especialista para dictar sentencia mounierista pero ciertamente en aquellos primeros tiempos de esta revista el testimonio y el mensaje de Mounier –como de sus sucesores en la dirección de Esprit, Béguin y Domenach– estuvo muy presente. No la busquen quienes, por edad, hoy apenas les conocen. Les costará encontrarla porque era un presencia diría que oculta. No por deseo de ocultarla sino porque era como subterránea, de corriente de fondo.
Lorenzo, nada dado al panegírico y poco a extenderse en el elogio de personajes, escribió en el lejano 1957 un artículo reveladoramente titulado “Una aventura” dedicado a Mounier y a Béguin tras la muerte de éste, siete años después de la muerte del primero. Lorenzo humoriza sobre el hecho de que los dos murieran “a media vida y en pleno trabajo” aunque fueran solo directores de una revista modesta y pobre como Esprit (humoriza, digo, porque por lo que cuenta acababa de publicarse un estudio según el cual era la presidencia de Estados Unidos el cargo que “mataba” más pronto a sus ocupantes). Pero más allá de esta anécdota, quien lea hoy aquel artículo percibirá una clara admiración del director de El Ciervo por sus colegas franceses. No exactamente por identidad de opciones sino por algo más hondo: por sintonía de actitudes. O, dicho de otro modo, por comunión en lo que anuncia el título del artículo: “Una aventura”. Que se explica en la cita de Mounier que encabeza el artículo: “Lo esencial es el sentido de la búsqueda y la calidad de los hombres”. Frase típicamente mouneriana y me atrevería a decir que definitoriamente ciervística. Creo.Mounier y Comín se cuelan
Titulé que Mounier y Comín se colaban. Y es que un servidor quería hablar hoy sobre la izquierda pero ha encontrado por azar la cita de Alfonso que le ha llevado a Emmanuel y luego a Lorenzo y uno tras otro –todos queridos– se han ido colando. No lo lamento porque siempre es mejor hablar de personas que no de temas. Y lo previsto –la izquierda–, a pesar del enfoque que uno había imaginado, tenía el riesgo de aparecer como un tema.
No quería hablar de la izquierda como una cuestión teórica, como un problema. Ni intrincarme en juicios sobre la izquierda actual, su presente y su porvenir. De ello, por lo que he me ha enseñado Alexis –después de compartir entusiasmos por los éxitos de su Athletic de Bilbao– ya se habla con mayor competencia en este número. Competencia y en general notable pesimismo, lo cual ya declaro que me duele. No porque disienta –hay de todo– sino por algo más hondo.
Que es precisamente de lo quería hablar en esta página. Y que ya va siendo hora de comunicar. Porque se trata simplemente de una confesión. Que no sé si interesará al lector, pero sí me interesa a mí. Y mucho. Porque se trata de una confesión que lamentaría no quedara claramente afirmada en estas páginas en las que mes tras mes intento comunicarme. Me pregunto: ¿queda suficientemente claro que una de mis opciones más hondas es la apuesta por la izquierda? Una opción que no admite vacilaciones, dudas, escepticismos. Es como una fe connatural. No sabría vivir sin ella. Aunque no sepa demasiado como justificar. Volviendo a Mounier, podría hacer mía la definición que él hacía de su personalismo: para mí la izquierda no es un sistema y menos una pertenencia a tal o cual organización sino “una perspectiva, un método, una exigencia”. O dicho con otras palabras, es un modo de sentir, de juzgar, de intentar actuar.
Por eso, porque es una opción básica, puede admitir la crítica de las izquierdas –de las organizaciones, teorizaciones, etc., que se presentan como de izquierdas– pero ello no lleva al abandono. No participo de la actual tendencia a criticar las izquierdas hasta denigrarlas o simplemente abandonarlas. El que esté limpio de culpa que tire la primera piedra. Veo muchos con la piedra en la mano, pocos que reconozcan que la culpa es compartida. Las piedras sirven para construir, para edificar, no para derruir.
De ahí que quiera comprometerme a ser fiel a la opción por la izquierda. En todos los campos: en la política, en la lucha social, en el ámbito de la creencia y de la comunión cristiana. Me disgusta que los defectos de las izquierdas sirvan como excusa para el abandono de la izquierda. O para escoger dos caminos que me parecen equivocados. Uno es la exaltación de posiciones de extrema izquierda, que juzgo erróneas porque no construyen (Mounier hablaba de la necesidad de luchar contra “el desorden establecido” que defienden las derechas pero un desorden no se combate desde otro desorden). El otro camino equivocado es a mi parecer el del centroizquierda, muchas veces simple derecha disimulada, partidaria de las soluciones medias que –como decía Bernanos– suelen ser soluciones mediocres (y aquí me permito recordar un artículo que se titulaba “Las soluciones medias”, basado en estas palabras de Bernanos, que publiqué en el lejano 1957).
18 de abril de 2012
Hoy no existe la cultura general
Por Francisco Rico
La cultura general era un conjunto de noticias sobre el pasado que las clases alta y media-alta manejaban familiarmente: “Demóstenes fue un gran orador”, “aquello era el Infierno de Dante”, “Napoleón murió en Santa Elena”. La mayoría de esas noticias no las habían aprendido a través del estudio (al revés que las clases populares, cuando llegaban a alcanzarlas), sino adquirido por ósmosis, en el ambiente (conversaciones, revistas ilustradas), y no solían ser objeto de ulterior desarrollo, a salvo la lectura de algunos libros y la asistencia a algunos espectáculos. La cultura general servía para dar un cierto trasfondo, una dimensión mayor a las cuestiones concretas que se ponían sobre el tapete. Hoy no existe una cultura general: lo que hay son subculturas de grupo y temas de actualidad. (The Tradition of General Knowledge es uno de los ensayos más admirables de Ernst H. Gombrich.)
La cultura general era un conjunto de noticias sobre el pasado que las clases alta y media-alta manejaban familiarmente: “Demóstenes fue un gran orador”, “aquello era el Infierno de Dante”, “Napoleón murió en Santa Elena”. La mayoría de esas noticias no las habían aprendido a través del estudio (al revés que las clases populares, cuando llegaban a alcanzarlas), sino adquirido por ósmosis, en el ambiente (conversaciones, revistas ilustradas), y no solían ser objeto de ulterior desarrollo, a salvo la lectura de algunos libros y la asistencia a algunos espectáculos. La cultura general servía para dar un cierto trasfondo, una dimensión mayor a las cuestiones concretas que se ponían sobre el tapete. Hoy no existe una cultura general: lo que hay son subculturas de grupo y temas de actualidad. (The Tradition of General Knowledge es uno de los ensayos más admirables de Ernst H. Gombrich.)
10 de abril de 2012
El día que Jesús salió del metro
Por Pedro Miguel Lamet
Cuando salió de la estación del metro, la plaza estaba abarrotada por una gran multitud que quería verle y escucharle. Se subían a las farolas y encima de los coches. En su mayoría eran parados, inmigrantes y marginados de toda clase, edad y condición, que se abalanzaban sobre él con súplicas y lamentos.
–¡Mira, Maestro, cómo estamos, ni uno de la familia tiene trabajo!
–Ayúdame, Jesús. Estoy sin papeles –le gritó un joven negro.
–¡Te necesito! –exclamó una mujer de la calle.
Los discípulos tenían que apartar a la gente y abrirle camino hasta un parque cercano, donde mandó a todos sentarse en el suelo.
Y les habló de esta manera:
“Venid a mí todos los que estáis angustiados y sobrecargados con la crisis, soledad y falta de sentido en la vida, porque yo os aliviaré, que soy manso y humilde de corazón. No temáis, porque en mi reino los últimos son los primeros y los primeros últimos. No hagáis como los políticos que os engañan como encantadores de serpientes, mienten para ganar las elecciones, os prometen quitaros los impuestos, y en cuanto están en el poder recortan vuestros sueldo y os cargan con pesos insoportables.
”Tampoco os fieis de tantos predicadores que dicen hablar en mi nombre y no cumplen lo que proclaman o convierten sus iglesias en guetos exclusivos, reducen la religión a un montón de normas, y se olvidan del corazón del hombre, mi verdadero templo. No hagáis como los banqueros que especulan con el dinero de los pobres y, después de haberles cobrado por un piso durante toda la vida, cuando vienen las vacas flacas y les es imposible seguir pagando, se quedan con lo cobrado y con el piso. Ni como los corruptos de la Administración que, después de elegidos para servir al pueblo, se apropian del dinero público en propio beneficio.
”Vosotros no pongáis vuestro corazón en el dinero, ni en la cuenta corriente, ni en los bonos del Estado o vuestro plan de pensiones, sino en ese tesoro escondido y la piedra preciosa que nadie os puede arrancar ni robar. Amad a vuestros enemigos y luchad por la paz y la justicia en el mundo.
Ser auténticos hoy día supone llevar una gran cruz. Pero no os preocupéis, que yo la he vivido primero y camino codo con codo a vuestro lado. Luchad por la conservación de este planeta que mi Padre sembró de ríos, mares, montañas, frutos y animales. Y ahora lo estáis convirtiendo en un lodazal. Repartíos y multiplicad equitativamente los bienes de esta Tierra como yo hice con los panes y los peces. Cambiad vuestro conceptos de ‘realización’ o ‘felicidad’, que está no en el poder, la fama y el éxito, sino en el despertar por dentro, en el “ser” y no en el poseer. No aplastéis a las mujeres ni explotéis a los niños, pues yo me rodeé de ellos. Amaos los unos a los otros y buscad el reino de Dios y su justicia, que lo demás se os dará por añadidura.”
Así dijo. La gente empezó a aplaudir y cantar. Pero de pronto se presentaron los antidisturbios alegando que aquella manifestación era ilegal, y porque alguien había soplado que era una concentración de inmigrantes sin papeles. Cuando iban a detenerle, Jesús se escabulló entre la multitud. Alguien comentó:
–Habla como quien tiene autoridad.
Cuando salió de la estación del metro, la plaza estaba abarrotada por una gran multitud que quería verle y escucharle. Se subían a las farolas y encima de los coches. En su mayoría eran parados, inmigrantes y marginados de toda clase, edad y condición, que se abalanzaban sobre él con súplicas y lamentos.
–¡Mira, Maestro, cómo estamos, ni uno de la familia tiene trabajo!
–Ayúdame, Jesús. Estoy sin papeles –le gritó un joven negro.
–¡Te necesito! –exclamó una mujer de la calle.
Los discípulos tenían que apartar a la gente y abrirle camino hasta un parque cercano, donde mandó a todos sentarse en el suelo.
Y les habló de esta manera:
“Venid a mí todos los que estáis angustiados y sobrecargados con la crisis, soledad y falta de sentido en la vida, porque yo os aliviaré, que soy manso y humilde de corazón. No temáis, porque en mi reino los últimos son los primeros y los primeros últimos. No hagáis como los políticos que os engañan como encantadores de serpientes, mienten para ganar las elecciones, os prometen quitaros los impuestos, y en cuanto están en el poder recortan vuestros sueldo y os cargan con pesos insoportables.
”Tampoco os fieis de tantos predicadores que dicen hablar en mi nombre y no cumplen lo que proclaman o convierten sus iglesias en guetos exclusivos, reducen la religión a un montón de normas, y se olvidan del corazón del hombre, mi verdadero templo. No hagáis como los banqueros que especulan con el dinero de los pobres y, después de haberles cobrado por un piso durante toda la vida, cuando vienen las vacas flacas y les es imposible seguir pagando, se quedan con lo cobrado y con el piso. Ni como los corruptos de la Administración que, después de elegidos para servir al pueblo, se apropian del dinero público en propio beneficio.
”Vosotros no pongáis vuestro corazón en el dinero, ni en la cuenta corriente, ni en los bonos del Estado o vuestro plan de pensiones, sino en ese tesoro escondido y la piedra preciosa que nadie os puede arrancar ni robar. Amad a vuestros enemigos y luchad por la paz y la justicia en el mundo. Ser auténticos hoy día supone llevar una gran cruz. Pero no os preocupéis, que yo la he vivido primero y camino codo con codo a vuestro lado. Luchad por la conservación de este planeta que mi Padre sembró de ríos, mares, montañas, frutos y animales. Y ahora lo estáis convirtiendo en un lodazal. Repartíos y multiplicad equitativamente los bienes de esta Tierra como yo hice con los panes y los peces. Cambiad vuestro conceptos de ‘realización’ o ‘felicidad’, que está no en el poder, la fama y el éxito, sino en el despertar por dentro, en el “ser” y no en el poseer. No aplastéis a las mujeres ni explotéis a los niños, pues yo me rodeé de ellos. Amaos los unos a los otros y buscad el reino de Dios y su justicia, que lo demás se os dará por añadidura.”
Así dijo. La gente empezó a aplaudir y cantar. Pero de pronto se presentaron los antidisturbios alegando que aquella manifestación era ilegal, y porque alguien había soplado que era una concentración de inmigrantes sin papeles. Cuando iban a detenerle, Jesús se escabulló entre la multitud. Alguien comentó:
–Habla como quien tiene autoridad.
4 de abril de 2012
El alma de los sirios no pesa
Los ciudadanos que poseen televisor y antena parabólica tienen la tendencia a rasgarse las vestiduras cuando un tirano decide exterminar a sus conciudadanos (para él, súbditos). Ahora incluso estos mismos ciudadanos lanzan consignas de 140 caracteres y comentan la atrocidad de las imágenes de los crímenes en su cuenta de Facebook. Los políticos con responsabilidades internacionales son otra cosa. Estos suelen tener ejércitos de técnicos y asesores que tuitean por ellos y que dan opiniones de lo más correcto. Sin chafar huevos, no fuera el caso que alguna gallina rusa o china se quejara y cortara la luz, o el gas, o las mangas.
Alguien dirá que los movimientos de los ciudadanos han movido regímenes y han descabalgado próceres de sus caballitos mecánicos. Y es cierto, pero solo cuando los políticos de las potencias y los líderes de las corporaciones económicas también les han dado el matarile. Sin esa nueva orden mundial los ciudadanos mueren como chinches mientras se televisa su agonía.
Los sirios, a diferencia de los libios, los egipcios y los tunecinos, no han tenido suerte. La política de equilibrios entre potencias impide que se depure a su tirano.
Alguien dirá que los movimientos de los ciudadanos han movido regímenes y han descabalgado próceres de sus caballitos mecánicos. Y es cierto, pero solo cuando los políticos de las potencias y los líderes de las corporaciones económicas también les han dado el matarile. Sin esa nueva orden mundial los ciudadanos mueren como chinches mientras se televisa su agonía.
Los sirios, a diferencia de los libios, los egipcios y los tunecinos, no han tenido suerte. La política de equilibrios entre potencias impide que se depure a su tirano.
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28 de marzo de 2012
La dictadura que viene
Por J. A. González Casanova
Decía el mes pasado que la crisis económica actual tiene una finalidad política: que la mafia del capitalismo financiero internacional recupere plenamente el poder político que tenía antes de 1936 para poder competir con los países emergentes, India y Brasil, pero, en especial, la nueva China capitalista. Decía que en España se cumplía ya esta finalidad casi a la perfección, pues contaba con el partido apolítico y populista que se necesita para arrinconar la democracia y sustituirla por una dictadura sostenida en una masa desinformada y atemorizada. Este partido, tras ganar las elecciones de los ayuntamientos más importantes y de la inmensa mayoría de las comunidades autónomas, ganó las generales el 20 de noviembre pasado, aniversario de la muerte y de la resurrección del general Franco. Para mayor inri, esta fecha tan simbólica la decidió el presidente del Gobierno socialista .
Para el capitalismo financiero es una joya un partido como este: conservador; neoliberal en lo económico y, por tanto, dictatorial en lo político; que domina las técnicas de manipulación de los neocons americanos y los once principios de propaganda de Goebbels; que tiene como “sector duro” a la extrema derecha franquista, con su xenofobia, racismo y fundamentalismo reaccionario episcopal (vamos, una especie de cazalla party a la preibérica); que tiene una tradición de mesocracia urbana y burguesía rural en las que predomina, más que el espíritu productivo, el afán especulador, la picaresca ociosa y la apropiación indebida con la mejor sonrisa.
Las herencias recibidas por este partido son inmejorables: el gobierno Zapatero le ha desbrozado el camino del trabajo sucio de recortes y reformas regresivas. Ha heredado la importante convicción ciudadana de que nuestra democracia se ha evaporado por los dictados de los mercaderes y sus agentes políticos de la derecha europea. Incluso los indignados coinciden con el caudillo Franco cuando denuncian a los partidos políticos y dicen que no representan la voluntad popular. Tampoco creen en los parlamentarios ni en la política, igual que el dictador. Por eso el sudodicho partido se considera apolítico, muy popular y muy español. Y se frota las manos porque ya está consiguiendo (gracias al desconcierto, la confusión y el temor de la gente a más IVA, menos sanidad, menos educación, menos libertades, más censura, más pobreza, más deshaucios, etc.) lo que sin prisa y sin pausa ha ido provocando desde que su nuevo caudillo (tras Franco y Fraga) exigiera en 1996 “¡Márchese, señor González!”.
En estos tres lustros, en el Gobierno o en la oposición, el cazalla party ha ido colocando a sus peones en todas las instituciones del Estado, en especial en la judicatura, donde se ha enfrentado a los jueces anticorrupción y a los que protegían a las víctimas de crímenes de lesa humanidad. Ha ido trasladando empresas públicas a grupos privados de su influencia; ha logrado que prácticamente casi todos los órganos de opinión estén bajo su control (ya se llevará la crisis a los más libres, pobres y molestos).Una oportuna Ley del Suelo, no sólo permitió el gran negocio de la burbuja inmobiliaria, sino que convirtió las costas en un vergel económico que sufragó los gastos de tanto funcionario público que exigía su parte en el negocio, y al estallar, supuso el magnifico porcentaje de parados que el país necesita para que los empresarios leales puedan seleccionar una elite obrera agradecida y que diga amén a todo.
En fin, como ya logró la Thatcher, los sindicatos han perdido toda su capacidad de resistencia, la clase trabajadora no espera nada de ellos y una posible huelga general hace sonreír al mas franquista (por su talante galaico, su astucia, parsimonia y silencios ) de los dirigentes “conserva-duros”.
Cuando todo lo anterior esté “atado y bien atado”,el partido de marras intentará reformar la Constitución o mediante el dominio sobre el Tribunal Constitucional dictar normas que devuelvan al Gobierno central las competencias que le interese retener. La excusa será la crisis, el déficit, el control del gasto y “¡la unidad de España!” Cuenta con los gobiernos de casi todas las comunidades. Y Cataluña aceptará lo que sea pues gobierna un partido muy similar al tantas veces citado. ¿Y Euskadi? Se mantendrá el temor a una vuelta de ETA y en paz.
Realmente este partido es una joya para la oligarquía financiera mundial. Debería valorarla más.
Decía el mes pasado que la crisis económica actual tiene una finalidad política: que la mafia del capitalismo financiero internacional recupere plenamente el poder político que tenía antes de 1936 para poder competir con los países emergentes, India y Brasil, pero, en especial, la nueva China capitalista. Decía que en España se cumplía ya esta finalidad casi a la perfección, pues contaba con el partido apolítico y populista que se necesita para arrinconar la democracia y sustituirla por una dictadura sostenida en una masa desinformada y atemorizada. Este partido, tras ganar las elecciones de los ayuntamientos más importantes y de la inmensa mayoría de las comunidades autónomas, ganó las generales el 20 de noviembre pasado, aniversario de la muerte y de la resurrección del general Franco. Para mayor inri, esta fecha tan simbólica la decidió el presidente del Gobierno socialista .
Para el capitalismo financiero es una joya un partido como este: conservador; neoliberal en lo económico y, por tanto, dictatorial en lo político; que domina las técnicas de manipulación de los neocons americanos y los once principios de propaganda de Goebbels; que tiene como “sector duro” a la extrema derecha franquista, con su xenofobia, racismo y fundamentalismo reaccionario episcopal (vamos, una especie de cazalla party a la preibérica); que tiene una tradición de mesocracia urbana y burguesía rural en las que predomina, más que el espíritu productivo, el afán especulador, la picaresca ociosa y la apropiación indebida con la mejor sonrisa.Las herencias recibidas por este partido son inmejorables: el gobierno Zapatero le ha desbrozado el camino del trabajo sucio de recortes y reformas regresivas. Ha heredado la importante convicción ciudadana de que nuestra democracia se ha evaporado por los dictados de los mercaderes y sus agentes políticos de la derecha europea. Incluso los indignados coinciden con el caudillo Franco cuando denuncian a los partidos políticos y dicen que no representan la voluntad popular. Tampoco creen en los parlamentarios ni en la política, igual que el dictador. Por eso el sudodicho partido se considera apolítico, muy popular y muy español. Y se frota las manos porque ya está consiguiendo (gracias al desconcierto, la confusión y el temor de la gente a más IVA, menos sanidad, menos educación, menos libertades, más censura, más pobreza, más deshaucios, etc.) lo que sin prisa y sin pausa ha ido provocando desde que su nuevo caudillo (tras Franco y Fraga) exigiera en 1996 “¡Márchese, señor González!”.
En estos tres lustros, en el Gobierno o en la oposición, el cazalla party ha ido colocando a sus peones en todas las instituciones del Estado, en especial en la judicatura, donde se ha enfrentado a los jueces anticorrupción y a los que protegían a las víctimas de crímenes de lesa humanidad. Ha ido trasladando empresas públicas a grupos privados de su influencia; ha logrado que prácticamente casi todos los órganos de opinión estén bajo su control (ya se llevará la crisis a los más libres, pobres y molestos).Una oportuna Ley del Suelo, no sólo permitió el gran negocio de la burbuja inmobiliaria, sino que convirtió las costas en un vergel económico que sufragó los gastos de tanto funcionario público que exigía su parte en el negocio, y al estallar, supuso el magnifico porcentaje de parados que el país necesita para que los empresarios leales puedan seleccionar una elite obrera agradecida y que diga amén a todo.
En fin, como ya logró la Thatcher, los sindicatos han perdido toda su capacidad de resistencia, la clase trabajadora no espera nada de ellos y una posible huelga general hace sonreír al mas franquista (por su talante galaico, su astucia, parsimonia y silencios ) de los dirigentes “conserva-duros”.
Cuando todo lo anterior esté “atado y bien atado”,el partido de marras intentará reformar la Constitución o mediante el dominio sobre el Tribunal Constitucional dictar normas que devuelvan al Gobierno central las competencias que le interese retener. La excusa será la crisis, el déficit, el control del gasto y “¡la unidad de España!” Cuenta con los gobiernos de casi todas las comunidades. Y Cataluña aceptará lo que sea pues gobierna un partido muy similar al tantas veces citado. ¿Y Euskadi? Se mantendrá el temor a una vuelta de ETA y en paz.
Realmente este partido es una joya para la oligarquía financiera mundial. Debería valorarla más.
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7 de marzo de 2012
Lecciones de (mala) vida
Por Luis Suñén
Da un poco de vértigo este principio de legislatura en el que cada quien echa su cuarto a espadas a ver qué pasa, a ver cómo se reciben sus ideas más o menos de bombero. Si no acaba de temblar del todo el misterio lo repetirá más tarde y poco a poco –siempre sin considerar la opinión ajena– lo irá imponiendo como algo inevitable e impepinable, las dos cosas. En Madrid lo estamos viendo con la privatización del Canal de Isabel II que empezó despacio pero ha de acelerarse para dejar sitio a la que vendrá después –se nos dice que no, por lo que debiéramos empezar a temblar–, que es la del metro. De esta forma y poco a poco lo que era nuestro dejará de serlo para ser de otros que, se nos calma, son también nosotros mismos, nuestros congéneres, querrán decir, o sea, otra cosa. Las razones nunca son convincentes, la teoría no las abona pero la práctica demuestra la maldad del método. Basta haber abierto el grifo o viajado en tren en el Reino Unido para comprobar la verdad de las privatizaciones del agua y de los trenes que emprendió Margareth Thatcher, el ídolo de nuestra presidente regional. Si se dice que son medidas que el tiempo ha demostrado ineficaces se nos contesta, por ejemplo, que ineficaz es la socialdemocracia, como todo el mundo sabe. Y se fuman ese gran puro simbólico que parecen encender con las papeletas de voto.
A la Iglesia no se le vota pues no es una institución democrática. Por eso sus autoridades deciden por su cuenta y riesgo –¿qué riesgo, las penas del infierno tal vez?– lo que vale y lo que no. Y ahora vale que los llamados kikos –como ese aperitivo de maíz tan popular– pueden tener su propia liturgia al margen de la común de la Iglesia. Son muchos, claro está, y no parece que sea cuestión de que se acojan a una especie de expediente de regulación de empleo en forma de cisma moderno, pero tampoco parece que Benedicto XVI esté demasiado dispuesto a echarle agallas a un asunto que se le va de las manos.
Se leen estos días muchas cosas sobre el poder de una curia inculta y ambiciosa, como hecha de malos políticos, como los de casi todas partes, a la altura, pues, de los tiempos que corren. ¿Qué hacemos los que no queremos a esa Iglesia? ¿Dónde vamos los hombres y las mujeres de poca fe si cuando llamamos a la puerta se nos dice que hace tiempo que se cerró para nosotros, que esperemos a ver qué pasa en la otra vida si la hubiere?
Gentes como los tales kikos, que estarán muy bien para los que creen de oficio y están encantados de haberse conocido en el gremialismo común, nos arrojan a los demás allá donde, menos mal, hay más llanto que crujir de dientes. Volviendo a la estética, una lástima. Creo que son gente, ya digo, endogámica y sus celebraciones son para su coleto. Menos mal, aunque si hay que imponerlas más allá supongo que lo conseguirían, basta con esperar a un próximo Papa no ya cercano a ellos sino que salga de ellos mismos. ¿Por qué no? ¿Nos hubiera extrañado tras Juan Pablo II un Papa surgido de los Legionarios de Cristo? ¿Por qué no un Papa kiko para sustituir a quien se dejó comer por ellos? Piensen un poco, busquen a un nuevo cardenal Martini, por ejemplo, que pueda llegar a Sumo Pontífice desde la inteligencia, la cultura y la honestidad moral. Apliquen la lámpara a la procesión púrpura y díganme dónde está porque quiero verlo.
Tan difícil como creer en la honradez de algunos.
Fíjense, mientras escribo esta carta, el presidente del Partido Popular de Castellón, Carlos Fabra, ha depositado una fianza de cinco millones de euros en bienes embargables, es decir, una cantidad de pisos y similares que ni ustedes ni yo veríamos en unas cuantas vidas que viviéramos, porque le imputan en un asunto bien sucio, que todo el mundo conoce. Este sujeto afirmaba, como Francisco Camps, que las urnas avalaban su conducta. Y lo peor de todo es que en el fondo tienen razón: ellos han hecho del pícaro un modelo a seguir, del listo un ejemplo, del que sabe una lección de vida. Claro que para lección la del jurado que dictaminó la inocencia de Camps en el asunto bochornoso de los trajes. Decían los partidarios acérrimos del sistema que son gajes de su falta de rodaje y que cuando la gente se acostumbre a la justicia todo irá sobre ruedas. Lo dudo.
Dicen de Camps que es un cadáver político hasta para los de su propio partido. Probablemente lo sea. Pero hemos perdido la ocasión de decirle a sus pares que no vamos a pasar una, que ya está bien, que la muerte política no amortiza la desvergüenza. ¿O será que no tenemos remedio, que sí, que sabemos vivir, que somos muy positivos en muchas cosas pero que al fin esa misma vida se nos queda, encantados de habernos conocido, en una botella de buen vino al sol del verano?
Da un poco de vértigo este principio de legislatura en el que cada quien echa su cuarto a espadas a ver qué pasa, a ver cómo se reciben sus ideas más o menos de bombero. Si no acaba de temblar del todo el misterio lo repetirá más tarde y poco a poco –siempre sin considerar la opinión ajena– lo irá imponiendo como algo inevitable e impepinable, las dos cosas. En Madrid lo estamos viendo con la privatización del Canal de Isabel II que empezó despacio pero ha de acelerarse para dejar sitio a la que vendrá después –se nos dice que no, por lo que debiéramos empezar a temblar–, que es la del metro. De esta forma y poco a poco lo que era nuestro dejará de serlo para ser de otros que, se nos calma, son también nosotros mismos, nuestros congéneres, querrán decir, o sea, otra cosa. Las razones nunca son convincentes, la teoría no las abona pero la práctica demuestra la maldad del método. Basta haber abierto el grifo o viajado en tren en el Reino Unido para comprobar la verdad de las privatizaciones del agua y de los trenes que emprendió Margareth Thatcher, el ídolo de nuestra presidente regional. Si se dice que son medidas que el tiempo ha demostrado ineficaces se nos contesta, por ejemplo, que ineficaz es la socialdemocracia, como todo el mundo sabe. Y se fuman ese gran puro simbólico que parecen encender con las papeletas de voto.
A la Iglesia no se le vota pues no es una institución democrática. Por eso sus autoridades deciden por su cuenta y riesgo –¿qué riesgo, las penas del infierno tal vez?– lo que vale y lo que no. Y ahora vale que los llamados kikos –como ese aperitivo de maíz tan popular– pueden tener su propia liturgia al margen de la común de la Iglesia. Son muchos, claro está, y no parece que sea cuestión de que se acojan a una especie de expediente de regulación de empleo en forma de cisma moderno, pero tampoco parece que Benedicto XVI esté demasiado dispuesto a echarle agallas a un asunto que se le va de las manos.Se leen estos días muchas cosas sobre el poder de una curia inculta y ambiciosa, como hecha de malos políticos, como los de casi todas partes, a la altura, pues, de los tiempos que corren. ¿Qué hacemos los que no queremos a esa Iglesia? ¿Dónde vamos los hombres y las mujeres de poca fe si cuando llamamos a la puerta se nos dice que hace tiempo que se cerró para nosotros, que esperemos a ver qué pasa en la otra vida si la hubiere?
Gentes como los tales kikos, que estarán muy bien para los que creen de oficio y están encantados de haberse conocido en el gremialismo común, nos arrojan a los demás allá donde, menos mal, hay más llanto que crujir de dientes. Volviendo a la estética, una lástima. Creo que son gente, ya digo, endogámica y sus celebraciones son para su coleto. Menos mal, aunque si hay que imponerlas más allá supongo que lo conseguirían, basta con esperar a un próximo Papa no ya cercano a ellos sino que salga de ellos mismos. ¿Por qué no? ¿Nos hubiera extrañado tras Juan Pablo II un Papa surgido de los Legionarios de Cristo? ¿Por qué no un Papa kiko para sustituir a quien se dejó comer por ellos? Piensen un poco, busquen a un nuevo cardenal Martini, por ejemplo, que pueda llegar a Sumo Pontífice desde la inteligencia, la cultura y la honestidad moral. Apliquen la lámpara a la procesión púrpura y díganme dónde está porque quiero verlo.
Tan difícil como creer en la honradez de algunos.
Fíjense, mientras escribo esta carta, el presidente del Partido Popular de Castellón, Carlos Fabra, ha depositado una fianza de cinco millones de euros en bienes embargables, es decir, una cantidad de pisos y similares que ni ustedes ni yo veríamos en unas cuantas vidas que viviéramos, porque le imputan en un asunto bien sucio, que todo el mundo conoce. Este sujeto afirmaba, como Francisco Camps, que las urnas avalaban su conducta. Y lo peor de todo es que en el fondo tienen razón: ellos han hecho del pícaro un modelo a seguir, del listo un ejemplo, del que sabe una lección de vida. Claro que para lección la del jurado que dictaminó la inocencia de Camps en el asunto bochornoso de los trajes. Decían los partidarios acérrimos del sistema que son gajes de su falta de rodaje y que cuando la gente se acostumbre a la justicia todo irá sobre ruedas. Lo dudo.
1 de marzo de 2012
¿La reforma laboral? Un mar de dudas
Por Lucía Montobbio
Leo todo lo posible sobre la nueva reforma laboral y sobre las anteriores. Al fin topo con un cuadernillo de Cristianismo y Justicia de 2010. Subrayo esta frase: “Las diversas reformas laborales han servido para oprimir más al mundo obrero y privilegiar al capital pero no para mejorar la economía española cuyos males radican en otros campos distintos del de las relaciones laborales”.
Desde 1984 hasta 2012 se han sucediendo diferentes reformas laborales. Todas con un mismo fin: reducir el paro y acabar con el desempleo. Los políticos modifican variables como la temporalidad, el despido o la contratación sin éxito alguno. Tal vez es cierto que lo legislativo poco tiene que ver. Quizás, como también se afirma en el cuaderno: “La evolución del empleo, el paro y la temporalidad en España, responde a ciclos económicos”.
En esta reforma se abarata el despido, se generaliza la indemnización de 20 días, se reduce el despido improcedente de 45 a 33 días y las empresas podrán borrarse del convenio de su sector de ser conveniente. Todo esto, en medio de una crisis, imagino que provocará más despidos. Por ejemplo, si bien las empresas se animarán a contratar a jóvenes –podrán deducir hasta 3.000 euros–, también se animarán a despedirlos pasados el periodo de prueba de un año –despido libre. La pregunta que me queda es si después de más de tres décadas de reformas laborales, caemos en los mismos errores porque somos tontos, o porque nos lo hacemos.
Leo todo lo posible sobre la nueva reforma laboral y sobre las anteriores. Al fin topo con un cuadernillo de Cristianismo y Justicia de 2010. Subrayo esta frase: “Las diversas reformas laborales han servido para oprimir más al mundo obrero y privilegiar al capital pero no para mejorar la economía española cuyos males radican en otros campos distintos del de las relaciones laborales”.
Desde 1984 hasta 2012 se han sucediendo diferentes reformas laborales. Todas con un mismo fin: reducir el paro y acabar con el desempleo. Los políticos modifican variables como la temporalidad, el despido o la contratación sin éxito alguno. Tal vez es cierto que lo legislativo poco tiene que ver. Quizás, como también se afirma en el cuaderno: “La evolución del empleo, el paro y la temporalidad en España, responde a ciclos económicos”.
En esta reforma se abarata el despido, se generaliza la indemnización de 20 días, se reduce el despido improcedente de 45 a 33 días y las empresas podrán borrarse del convenio de su sector de ser conveniente. Todo esto, en medio de una crisis, imagino que provocará más despidos. Por ejemplo, si bien las empresas se animarán a contratar a jóvenes –podrán deducir hasta 3.000 euros–, también se animarán a despedirlos pasados el periodo de prueba de un año –despido libre. La pregunta que me queda es si después de más de tres décadas de reformas laborales, caemos en los mismos errores porque somos tontos, o porque nos lo hacemos.
Bienvenidos
Bienvenidos al nuevo blog de la revista de pensamiento y
cultura El Ciervo. Este espacio supone
un paso más en nuestra intención de abrirnos a los lectores de nuestra revista.
Y, sobre todo, para recibir sus comentarios. Nos gusta que nos critiquen. Solo
así se mejora. Y sabiendo que la tecnología es un aliado más que un enemigo,
nuestro blog quiere ser una nueva herramienta con la que llegar a ti, lector.
El Ciervo nació en
junio de 1951. Desde entonces han pasado 60 años. Hasta hace nada, los
artículos se leían y se comentaban con el requisito de tener la revista entre
las manos. Entera. Ahora publicaremos algunos de sus artículos en este espacio.
Quizás los más representativos. Si os gustan, seguro que tendréis a mano el
número entero.
Confiamos en que os sea, ante todo, útil. El resto vendrá
solo.
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